lunes, 6 de octubre de 2008

Guerrero del Antifaz que estas en la gloria


El Centro Cultural de Caja España presenta una exposición en homenaje el dibujante Manuel Gago

La niñez nos queda tan ya lejana como una primitiva con seis aciertos, pero los recuerdos de los años infantiles permanecen inalterables en nuestra memoria. El Guerrero del Antifaz marcó unos años importantes de mi existencia, desde que apenas fui capaz de juntar las letras en sílabas, hasta la espectacular aparición del Capitán Trueno.

Durante años mi juego preferido en el recreo del colegio era el de perseguir a perversos sarracenos portando el abrigo sobre los hombros, sujeto al cuello por las mangas, con el rostro cubierto por un antifaz de cuero que fabricó para mí un vecino zapatero (nada que ver con el de la Moncloa, que es con mayúscula) y un palo cualquiera en la mano.

Por eso no puedo contemplar ahora los dibujos de Manuel Gago con imparcialidad, yo que fui durante un tiempo el propio Guerrero del Antifaz, estuve enamorado de Zoraida, una musulmana de armas tomar, y desprecié por cursi a la bella Ana María, poseedora de cierto marquesado de cuyo nombre no quiero acordarme. Yo que me sentí fraternal amigo del valiente Conde de los Picos, y odié con toda mi alma al malvado Ali Kan, que Alá confunda para siempre. Yo, después de esta confesión, no puedo decir que los guiones de la casi eterna serie eran repetitivos y de una sencillez enojosa. No puedo argumentar que los dibujos eran simplones y realizados a destajo, siendo más importante siempre la cantidad que la calidad.

¿Qué como se explica el éxito de la saga del famoso defensor de la cristiandad? Pues muy sencillo, eran los tiempos de la posguerra, y en aquella España de Franco llegaban muy pocas cosas de más allá de nuestras fronteras, y los cómics americanos, que antes del 36 aparecían puntualmente, fueron durante un largo periodo inexistentes. El Guerrero del Antifaz y Roberto Alcázar y Pedrín, los dos grandes clásicos de los tebeos españoles, debieron su éxito a la falta de una competencia seria, ellos fueron los tuertos en un país de ciegos, o que caminaba con los ojos vendados.

Comparar estos tebeos con cualquiera de las grandes series que parecían al mismo tiempo en América hace que casi nos avergoncemos. Los nuestros más que ritmo narrativo tenían barullo. Más que escenarios en los que contar la historia, solamente unos trazos deslavazados. Más que guiones una sucesión de desaforados combates. Y eso sí, una continua y aburrida repetición de temas y personajes.

Todo esto lo podemos apreciar en la estupenda exposición, Manuel Gago, aventuras en el papel, que como homenaje al desaparecido Manuel Gago, se presenta estos días en la Obra Cultural de Caja España.

En ella podemos contemplar la mayoría de las creaciones de este dibujante vallisoletano que vivió prácticamente toda su vida en tierras de Valencia. De padre republicano pasó tiempos de penuria en la década de los cuarenta del pasado siglo, sufriendo una grave tuberculosis que le tuvo mucho tiempo postrado en la cama. Desde el lecho y ayudándose de una tablilla para apoyarse, creo sus primeras historietas, que muy pronto consiguió publicar. Entre las decenas de personajes que creó, además del Guerrero del Antifaz, destacan, El pequeño Luchador y Purk, el Hombre de Piedra.

Fue Manuel Gago un creador infatigable al que quizá le sobraron necesidades para poder trabajar más despacio, para dedicar más tiempo a los guiones y dibujos de sus historietas que, a pesar de todo, fueron la ilusión de los niños de los años cuarenta y cincuenta… hasta que apreció el Capitán Trueno con buenos guiones y estupendos dibujos y la estrella del de el antifaz comenzó a declinar inexorablemente.