La artista leonesa Virginia Calvo expone en el Colegio de Arquitectos
Calvo cuenta en una deliciosa historia como le llegaron algunas de estas misteriosas formas: “Recuerdo –dice- una tarde de verano en mi niñez, mientras todos dormían la siesta y la luz se peleaba entre las rendijas de persiana para llegar hasta mi almohada y distraer mi sueño, mostrándome en la lejanía, como alguien hacía girar la rueda de una máquina de la que salía un sinfín de personajes y formas transparentes, como de cristal, que bailaban suspendidos en el espacio de la habitación y desfilaban ante mis ojos incrédulos por aquel espectáculo itinerante y maravilloso… Al volver a mirar, después de haber pestañeado, todo había desaparecido”.
Los poemas visuales que Virginia Calvo presenta en esta exposición han evolucionado, pero son la consecuencia de sus viejas exposiciones en Tráfico de Arte (permítanme aquí un recuerdo para Carlos de
Explica la artista: Mirhadas, es mi forma de materializar un recuerdo. También es un juego de palabras: miradas y mirar hadas, hay que aprender a verlas. Además, en este trabajo, como en tantos otros anteriores, están muy presentes las formas de la naturaleza, asociadas casi siempre con lo femenino: formas redondeadas, líneas curvas, hojas, flores… flores como hadas, inventadas y genéticas, utilizadas más bien como símbolo de la fugacidad de la vida y, a la vez, como metáfora del ciclo de la naturaleza y los seres vivos”.
El delicado equilibro de las mágicas figuras de Virginia Calvo esta originado en la línea espiral, que es una constante en su trabajo. “La espiral –comenta- es una especie de camino hacia el interior, las vivencias, lo emocional y los sueños. También tiene mucha relación con todo lo femenino, con el vientre materno, el paso entre la consciencia y la inconsciencia, todo lo que tiene que ver con el mundo subjetivo, la memoria, la fantasía… creando formas abiertas y dinámicas que siempre pueden completarse con la mirada”.
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