domingo, 13 de julio de 2008

(Juan Villoria)Homenaje a la justicia



El artista leonés Juan Villoria presenta su útima obra en una residencia particular de las Eras de Renueva

Juan Villoria vive uno de los momentos estelares de su trayectoria como escultor. Artista de múltiples facetas, Villoria parece encontrarse feliz trabajando la piedra y el acero. Así lo demuestran su interesante aportación al Parque Escultórico de San Isidro, y los premios que los últimos tiempos ha recibido.

Su último trabajo es una figura en piedra y acero que acaba de inaugurar en una residencia particular de las Eras de Renueva. Una escultura que hace referencia a la Justicia. Tiene la obra una parte fundamental que está integrada por dos piedras simétricas, con sendas ventanas longitudinales, que soportan un asta de acero corten con los platos de una balanza. Los espacios vacíos que hay en la piedra conectan con la parte espiritual del tema representado, hacen referencia a la faceta más profunda del ser humano, al sitio donde se encuentran valores como la Justicia: el alma.

Cuenta el autor que “la escultura está realizada en su mayor parte en granito de la sierra de Madrid. Sus caras interiores son planas y las exteriores tienen una pequeña curvatura. Los otros elementos están hechos en acero. Partiendo de un proyecto anterior y con las sugerencias de Cristina, que es la propietaria del jardín donde se ha instalado, llegamos al planteamiento de la obra definitiva. Ella tiene importantes conexiones con la justicia y me ayudó mucho a la hora de concebir la escultura”.

Los escultores se quejan amargamente de que solamente algunas entidades públicas solicitan sus obras, siendo casi imposible encontrar particulares que se interesen por sus trabajos. En este caso Juan Villoria está de enhorabuena, su alegoría a la Justicia figurará desde este momento en el recoleto rincón de una residencia particular. “Es muy gratificante que, por una vez, un escultor no haya tenido que esperar a que algún organismo oficial le encargue una obra pública, o a tener suerte en algún concurso. Creo que hay un olvido generalizado de los escultores. Muchas personas buscan las obras de los pintores, mientras que muy pocos se interesan por nuestros trabajos. Conseguir que un particular ponga a tu disposición un espacio al aire libre como este, es un auténtico lujo”.

Juan Villoria ha tocado muchas facetas artísticas, desde la pintura a la fotografía, pero ha sido la escultura la que ha conseguido centrar sus esfuerzos, sobre todo en la última temporada. “En mis obras más recientes –comenta- me siento muy identificado con la piedra, sobre todo con el granito, aunque ahora tengo en proyecto algunas esculturas que pienso realizar en mármol”

Un argentino especialista en pasta y pizzas


Edy Fernández ofrece la posibilidad de un suculento tentempié a las puertas del Húmedo


Edy Fernández Villero es argentino y lleva 23 años viviendo en España, concretamente en León, donde hace once meses amplió su negocio de pizzería abriendo en la calle de San Francisco El Pampa, con dos claras especialidades, la pasta y las pizzas.

La carta de este pequeño restaurante, que también sirve directamente a domicilio sus especialidades, es amplísima, con cuarenta pizzas de las más diferentes composiciones. “Las elaboramos al gusto italiano porque, aunque en la gastronomía Argentina también son muy importantes, las hacen con una masa muy gruesa que aquí no gusta demasiado. Pero lo más novedoso de nuestra carta es la pasta fresca a la que dedicamos buena parte de nuestros esfuerzos. Canelones de carne, Lasaña de ternera, Ravioli de carne, y Spaghetti bolognesa, marinera, o carbonara. Todos los que prueban estas especialidades se sorprenden agradablemente”.

El Pampa, como indica su oferta culinaria, está especialmente dedicado a los más jóvenes “aunque -dice Edy- gusta a personas de todas las edades ya que todos nuestros platos están elaborados con el mayor esmero y con ingredientes de primera calidad”.

Digamos que en la extensa carta de esta pizzería hay raciones de calamares, patatas bravas, empanadillas, croquetas y alitas o nuggets de pollo. Una interminable lista de sándwiches, hamburguesas, perritos calientes… con unos precios que van desde los 4,75 a los 2,00 euros.

Presentan también cuatro ensaladas espectaculares, la mixta, la especial, la tropical y la griega. Luego la pasta, de la que ya les hemos hablado, seis platos combinados, de 5,00 a 7,00 euros. Y el espectáculo increíble de las pizzas, algunas verdaderamente originales: gambas y pimientos, gambas y mejillones, gambas y atún, anchoas sin queso, chorizo y pimientos, jamón y piña…y así hasta cuarenta. Todas ellas tienen precios comprendidos entre los 5,75 y los 7,00 euros.

Insiste Edy en lo suculento de sus pastas frescas y recuerda que todos sus platos, todas sus especialidades, “pueden recibirlas directamente en su domicilio, incluso con un postre tan espectacular como nuestra copa de helado de varios sabores”.

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Pizzería El Pampa

Calle de San Francisco, nº 5

León

Teléfono: 987.17.60.50

Horario: de 10,00 a 24,00 horas

Descanso: martes

Menú recomendado:

Ensalada griega

Lasaña de ternera

Copa de helado

Precio: 13,80 euros

Calificación: (De 1 a 5) **

Sube la cotización gastronómica del botillo



El botillo sigue escalando puestos en la escala social. El humilde botillo, cuyo origen se remonta según algunos a los tiempos de loa dominación romana, y según otros eruditos a la oscura época del medioevo que, por cierto, tuvo mucho más color de lo que pensamos, ha obtenido así como quién no quiere la cosa, la declaración de Fiesta de Interés Turístico Nacional, en la multitudinaria celebración que cada año congrega a más de mil comensales en la localidad berciana de Bembibre.

Jesús Celemín, concejal de Cultura del municipio piensa ya en los dineros que desde algún sitio oficial pueden caer con este motivo. “Además del prestigio – ha dicho- que otorga un reconocimiento de esta importancia, que ayudará a que la villa sea más conocida en toda España y ayudará a que aumente el número de visitantes”.

Del milagro del botillo tiene mucha culpa, por no decir toda, el comunicador berciano Luis del Olmo, que desde las ondas de todas las cadenas de radio por las que ha pasado, se ha volcado en la alabanza de este ya famoso embutido.

El mundo entero se ha rendido a la contundencia del botillo. Por ejemplo, en el mismísimo Nueva York, el Consejo de Residentes Españoles celebra todos los años en el mes de abril la Fiesta del Botillo, con una actuación de flamenco y este año con una exposición de productos de Castilla y León.

También la colonia leonesa en Mar de Plata se reúne cada año alrededor del botillo. El último festejo, celebrado en octubre del año pasado, contó con una conferencia de la profesora María Esther Espinosa y la actuación del joven cantante de tangos Matías Latorre.

Famosas son también las botilladas que cada año convoca la Casa de León en Madrid y las que tienen lugar en las Casas de León en la mayoría de las capitales españolas.

Cuentas J. A. Martín y Javier Pérez que “El origen del botillo es discutido, aunque lo más probable es que sea una elaboración ideada en la Edad Media por los monjes de Cariacedo. Lo que está claro es que el consumo del botelo estaba muy extendido entre abades, obispos y reyes y era un plato de fiesta, un manjar que no podía faltar en las celebraciones religiosas o bodas. Tradicionalmente el primer botillo se degustaba en Noche Buena y el último en Carnaval. Entre ambas celebraciones los más pudientes lo solían comer como plato exquisito en domingo y el, pueblo llano sólo en las fiestas del patrono del lugar”.

Memorias de un cocinero del Bierzo


Nosotros, y lo sentimos, no hemos tenido la satisfacción de conocer personalmente las indudables cualidades profesionales de Avelino Arias Pérez, un cocinero que después de pasar toda su vida dedicado a los fogones, no “quiere marchar al otro barrio” sin dejar constancia escrita de sus creaciones culinarias. Por eso ha publicado un interesante libro titulado Mis Recetas.

Avelino debe de ser leonés del Bierzo. Quizá, según se desprende de su devoción a la Virgen de las Candelas, bien pudiera haber nacido en un pueblo minero como Lillo del Bierzo. Pero esto son solamente especulaciones. Lo cierto es que según cuenta en el prólogo de su libro, recorrió España entera comiendo, aprendiendo y trabajando en la cocina. Sus mejores años los pasó en cocinas de Castilla y León y el País Vasco. “Me gusta –dice- la comida sencilla, pero bien hecha y con cariño. Tuve, allá por los años setenta, muchas satisfacciones, conseguí varios premios y participe en el programa de televisión Vegetariano, que realizaba Maruja Cañavés”.

Como cocinero, cuenta, “Soy sencillo y natural, no empleo las especias en abundancia, como podréis comprobar en las recetas de mis guisos. Posiblemente abuso de las hortalizas, pero me viene de herencia, de mi madre, que cocinaba muy bien y con mucho cariño”.

Comienza Avelino su libro con un sugerente menú vegetariano que no es más que un ligero preámbulo para empresas mucho más ambiciosas. En el centenar y medio de recetas que presenta en su libro, las hay para todos los gustos y para todos los productos, algunos oriundos del Bierzo como la empanada o las anguilas al estilo berciano, los botillos, la andolla o una interesante Tarta de castañas Avelino.

Un libro incesante para los amantes de la gastronomía ya que atesora en sus páginas todo el saber de un ilustre cocinero que suponemos leonés, pero que indudablemente está profundamente arraigado en las muy culinarias tierras bercianas.

(Guzpeña)El pintor de los escenarios mágicos


Guzpeña presenta sus últimas pinturas en la galería de arte Ármaga.

Enrique Rodríguez ha decidido llamarse simplemente Guzpeña porque su nombre se repetía una y otra vez en el mundo del arte. Así que es el nombre de su tierra el que emplea para competir en el difícil escenario de la pintura. Y decimos bien, competir, porque Guzpeña tiene ya en su haber una interminable relación de premios, su pintura, como dice él mismo, “ha tardado en calar, pero en los últimos tiempos creo que he dado con las claves precisas y cada vez gusta más”. Enrique es de esas personas que creen que el éxito solamente puede llegar a través del trabajo, y no se cansa de pintar.

Su evolución ha sido notable en los últimos tres o cuatro años, sus imágenes inventadas, que parten casi siempre de figuras geométricas, sus laberintos de líneas, se han simplificado y han perdido un poco, afortunadamente no todo, de su cargamento infantil. Sus colores se han hecho más sólidos, ganando sus obras en elegancia y profundidad. El dinamismo poético que pretende en sus creaciones se muestra de forma espléndida en su última exposición, Escalera de Color, que estos días puede verse en la galería de arte Ármaga.

El artista, en cuanto al nuevo colorido de sus cuadros dice que el cambio es “sólo aparente. La paleta –asegura- tiene que tener fuerza, pero parece que no está bien visto que los colores sean chillones. Yo creo que a medida que uno crece, que uno avanza en esta profesión, se va suavizando, se va matizando y los colores son menos contrastados”.

Donde más se nota la personalidad de Guzpeña es un sus inimitables escenarios. “Yo realmente no invento nada, lo que hago es jugar con elementos plásticos. Cojo colores, cojo líneas, cojo planos… los cambio de posición, los transformo… voy jugando realmente. Ese juego acaba siendo al final una especie de mundo extraño con construcciones raras… hasta que el juego acaba convirtiéndose una especie de evocación. Es curioso, podemos ver cualquier detalle y sin pensarlo nos damos cuenta de que nos recuerda algo real. Eso es lo bonito”.

Dice Guzpeña que él no tiene muy claro de donde vienen sus figuras, “Yo –dice- doy mucha importancia a los recuerdos de la infancia, porque el mundo de los niños me fascina, sencillamente porque yo hago lo mismo que ellos, el final de mis cuadros puede parecer muy elaborado, muy trabajado, pero el proceso de creación de la obra es mucho más sencillo de lo que parece. Es coger elementos, jugar con ellos… nunca tengo la pretensión de crear un mundo fantástico, no provoco una idea conceptual… es, sencillamente, disfrutar con la pintura”.

Así como hay pintores que consiguen que sus cuadros sean una representación del silencio, las obras de Guzpeña tienen sonido, evocan maravillosamente esas cajas de música decimonónicas cuyas notas todos guardamos en el rincón de nuestro cerebro que atesora la niñez.

(Luz González )Con la emoción por delante


La pintura salmantina Luz González expone en la el Centro Cultural de Caja España

La pintora Luz González nació en Salamanca, pero vive en Madrid desde niña. Sus obras, que estos días pueden verse en el Centro Cultural de Caja España, la muestran como una artista llena de matices que sabe conjugar perfectamente los colores y que ha hecho del gesto su manera plástica de expresarse.

En los cuadros que presenta en León hay dos formatos diferentes, pequeñas obras realizadas sobre papel y grandes lienzos. “Las dos técnicas –dice- tienen sus atractivos. Me gusta trabajar sobre papel porque me siento más libre, me deja plasmar directamente las imágenes que surgen de mi imaginación, incluso me permito la incorporación de objetos, una especie de collages. El lienzo también me apasiona, pero me condiciona más, no me hace tantas concesiones a la hora de plasmar lo que tengo en la cabeza”.

La exposición se titula Suite Oriental, y hay una razón para que Luz González la haya llamado así. “Es consecuencia –comenta- de un viaje que realicé a oriente y que me impresionó mucho. La cultura china me interesó especialmente. Esto es algo que me sucede cada vez que salgo de viaje. Hace años, después de un viaje para conocer el románico gallego, hice una larga serie sobre el románico. Mi pintura está muy ligada a mis emociones”.

Luz González incorpora a sus cuadros pinturas plateadas y doradas que les otorgan unas calidades muy especiales. “Son, precisamente, reminiscencias de la serie sobre el románico. Los metales preciosos me gustan y siempre encuentro un lugar para incluirlos.”

Los grandes lienzos de Luz González tienen siempre impreso el gesto inconfundible de la pintora. “Sí, creo que es la forma de pintar que está más acorde con mi carácter, sobre todo en este momento. Mis series anteriores eran más frías y basadas muchas veces en la geometría, lo que las hacía muy lineales… pero el tiempo todo lo cambia y ahora creo que me he encontrado en mí misma, esta pintura es parte de mí y a través de ella expreso mis emociones, mis sensaciones, mis vivencias”.

Un empleo magistral de los grises y destello puntual de colores intensos, incluso de reflejos metálicos, marcan este acercamiento a oriente de la pintora Luz González.

Pedro Lozano, un zapatero artesano

Su mayor satisfacción ha sido poder fabricar zapatos y botas a la medida para personas inválidas

Tenía 11 años cuando comenzó a trabajar en el taller de zapatería de su padre. Corrían malos tiempos y era solamente un niño, el mayor de seis hermanos, cuando empezó su lucha por mantener en uso aquellos zapatos que sus dueños no podían permitirse en lujo de arrinconar. Con el tiempo Pedro Lozano, palentino y artesano del calzado, hizo de su profesión un arte, y la mejor demostración está ahora en León, en la exposición que presenta en la Casa de las Carnicerías, de Caja España.

Cientos de zapatos, la mayoría realizados de una sola pieza de cuero, lo que aumenta muchísimo la dificultad de su elaboración, muestran como Pedro Lozano es capaz de recrear con sus manos desde las sandalias de los romanos a los zapatos de mayor actualidad, pasando por una época muy interesante para el calzado, como fue la de finales del siglo XIX y principios de XX. Casi 3.000 puntadas son necesarias para unir el corte y la suela de algunos de los zapatos que se exponen… y ya saben que para cumplir en rigor las normas hay que hacer un par de cada modelo.

La afición por la dificultad y la belleza le viene a Lozano de lejos, “Desde muy joven me gustó hacer zapatos diferentes, incluso miniaturas que tienen mucha más dificultad que un par de tamaño normal. Pero eran malos momentos y no se podía gastar en tiempo en algo que no fuese productivo. Por eso exposiciones como esta y la que tengo permanente en el Museo del Calzado de Elda (Alicante), solo las he podido realizar una vez que me he jubilado y he tenido para mí todo el tiempo del mundo, estoy pudiendo hacer realidad todo lo que había conservado en el pensamiento durante toda una vida”.

Aunque suene raro, en toda España se han celebrado innumerables concursos de fabricación artesanal de zapatos, en ellos se premiaba la dificultad del trabajo, la belleza del modelo y el tiempo que el artesano empleaba en terminarlo. “Yo siempre era de los primeros, he llegado a hacer un par de zapatos en menos de siete horas. He ganado muchos concursos, casi todos a los que me presenté, en Elda, que es la capital del zapato en España, en Alicante, en Madrid e, incluso, en Valladolid”. Los zapatos premiados en algunos de esos certámenes pueden verse en la exposición de la Casa de las Carnicerías.

Pero más allá de los premios y la satisfacción que estos aportan, para Pedro Lozano lo más importante de su labor durante tantos y tantos años es la ayuda que desde su profesión puede aportar a personas con problemas físicos en los píes. “La ortopedia artesanal se está perdiendo definitivamente –nos dice- antes había una demanda importante de este tipo de calzado porque eran muchos los niños afectados por la polio que tenían graves problemas con los píes, pero con la erradicación de la enfermedad los profesionales han dejado de fabricar este tipo de calzado. Yo he creado un método con el que he conseguido que muchas personas puedan permitirse salir a la calle. He empleado moldes de los píes en escayola, para a partir de ellos hacer las hormas de madera necesarias para la elaboración de botas especiales adaptadas a las personas que presentan problemas en los píes. Aún hoy son muchos los que llegan a mi casa con toda clase de recomendaciones para que les haga un par de botas, porque hay médicos, incluso catedráticos, que conocen mi forma de trabajar y se las recomiendan. Siento no poder atenderles a todos y siento aún más que dentro de poco tiempo no quede nadie que pueda ofrecer una solución para su problema que, por cierto, se ha agudizado mucho con los accidentes de tráfico. Nadie se ha preocupado de hacer escuelas para que los jóvenes aprendan estos métodos y otros que aún hoy podrían recuperarse, y habrá personas inválidas que tengan que estar siempre en la cama o en una silla, sin poder salir de sus casas. ”